domingo, 3 de junio de 2012

Revista Nº1 - Artículo Nº1 - Resiliencia e Identidad narrativa (Lic. Oliver Peñafiel)


Resiliencia e Identidad Narrativa
Por: Lic. Oliver Peñafiel Muñoz*

“La resiliencia es el arte de navegar en los torrentes,
el arte de metamorfosear el dolor para darle sentido;
la capacidad de ser feliz,
incluso cuando tienes heridas en el alma”



El término resiliencia proviene del latín resilio que significa volver atrás, volver de un salto, revotar, saltar hacia atrás, resurgir, el concepto no es nuevo en la historia, se trata de un término que surge de la física y la mecánica, de la metalurgia, y se refiere a la capacidad de los metales de resistir un impacto y recuperar su estructura original. Este término también se usa en medicina, concretamente en la osteología, donde expresa la capacidad de los huesos de crecer en la dirección correcta después de una fractura, más tarde el concepto fue utilizado en las ciencias sociales, como la psicología, la pedagogía, la sociología, la medicina social y la intervención social con un significado muy cercano al etimológico: ser resiliente significa ser rebotado, reanimarse, avanzar hacia adelante después de haber padecido una situación aversiva (Forés, 2008).

El concepto de resiliencia nace en los años 80, el término es utilizado por la psicóloga del desarrollo Emmy Wermer quien llevo a cabo un estudio longitudinal y prospectivo, con el seguimiento de 698 personas nacidas el año 1955 desde el período prenatal hasta la edad de 32 años, las niñas y niños eran los patitos feos de familias de escasos recursos de la isla hawaiana de Kauai, después del proceso logró obtener un resultado positivo en los casos observados y a los cuales los etiquetó como personas resilientes (Forés, ob.cit).

La resiliencia se trata de un proceso, en el que el sujeto se cuela en un contexto afectivo, social y cultural, una aversión ha trastornado al herido y le ha orientado en una dirección en la que le habría gustado no ir, sin embargo, el resiliente ha de afrontar golpes y magulladuras hasta que en algún momento una relación afectiva, una institución social o cultural le ayuden en el proceso a emerger airoso (Cyrulnik, 2002). 

Por lo tanto, la resiliencia es definida como la capacidad de una persona o grupo para seguir proyectándose en el futuro a pesar de acontecimientos desestabilizadores, de condiciones de vida difíciles y de traumas a veces graves (Manciaux, Vanistendael, Lecomte y Cyrulnik, 2001). 

 Cyrulnik (1999) plantea que la resiliencia “es más que resistir, es también aprender a vivir... antes del golpe uno estima que la vida nos es debida y la felicidad también... la prueba cuando uno la sobrepasa cambia el gusto por el mundo”. Este texto sirvió como marco conceptual orientador del estudio y facilitador de la comprensión de la realidad resiliente de las familias sincelejanas. Este trabajo deja ver los resultados del estudio con familias en situación de desplazamiento en la ciudad de Sincelejo y cómo a partir de los relatos de vida y los autoreportes se pudieron resignificar los hechos dolorosos, convertidos, a su vez, en experiencias de aprendizaje significativo, lo que permitió aportar un nuevo conocimiento contextualizado. 

Los resultados evocaron que las categorías sugeridas teóricamente por Cyrulnik se fueron evidenciando en los relatos de vida, éstas fueron: El Éxito social, que a su vez se operacionaliza en las dimensiones Flexibilidad, Empatía, Comunicación y Sentido del humor. La habilidad para resolver problemas, que incluye las dimensiones Elaborar estrategias, Solicitar ayuda, Creatividad y Criticidad. La categoría Autonomía, referida a las dimensiones, Sentido de identidad, Autosuficiencia, Autocontrol y Conocimiento propio. La última categoría se tituló Propósitos y expectativas por un futuro prometedor, que aborda las Metas, el Optimismo, la Fe y Espiritualidad (De la Ossa, 2007).

Promover la resiliencia es reconocer la fortaleza más allá de la vulnerabilidad. Apunta a mejorar la calidad de vida de las personas a partir de sus propios significados, según ellos perciben y afrontan al mundo. La primera tarea es reconocer aquellos espacios, cualidades y fortalezas que han permitido a las personas afrontar positivamente experiencias adversas (OPS, 1998).

Es entonces que al entender la resiliencia se hace importante entender la narratividad de las personas,  en tal sentido, la Terapia Narrativa fue creada por Michael White, trabajador social australiano y David Epston, antropólogo de origen canadiense residente en Nueva Zelanda, ambos empezaron a trabajar juntos a principios de los años 80´s, por tanto se hace importante aclarar que aunque varios autores hablan de la Terapia Narrativa como una Terapia Posmoderna, Michael White carece de acuerdo con esta categorización ya que parece que el término “posmoderno” es tan amplio que no tiene precisión y no dice mucho, en cambio, hablar del modelo terapéutico como “Postestructuralista”, contrasta el enfoque narrativo con la mayoría de las teorías de la personalidad y escuelas de terapia, que provienen de una tradición estructuralista (Tarragona, 2006).

Entonces White entiende que la construcción de relatos podría constituir una forma básica de asimilar nuestra experiencia en estructuras de significación que las transforman en conocimiento. La ausencia de tal estructura narrativa en nuestras explicaciones posiblemente conllevaría a experiencias ausentes de significados. Es por ello que no basta, para que haya relato (sea este histórico o literario), con que los acontecimientos se representen en un orden cronológico. Es además preciso que se revelen como dotados de una estructura, de un orden de significación que está ausente en la sola secuencia (Duero, 2006).

El sello distintivo del método narrativo es el lema “el problema no está en la persona; el problema está en el problema” por tanto mediante el empleo de la externalización, los terapeutas narrativos pueden reconocer el poder de las etiquetas y al mismo tiempo evitar caer en la trampa de reforzar el apego que el cliente siente por ellas y de permitir que se desentienda de la responsabilidad de su conducta (O’Hanlon, 2001). 

Externalizar conversaciones desempodera los efectos de la etiqueta, la patologización, el diagnóstico que generalmente sienten las personas como que empobrecen sus vidas, es que entonces el externalizar abre posibilidades para describirse a sí mismos y a sus relaciones desde una posición nueva y no saturada de problemas, permite el desarrollo de una historia alternativa que sea más atractiva para las personas o la familia (Morgan, 2000).

Las historias que se cuentan a través del lenguaje, acerca de quién es y qué motivos tiene para hacer y no hacer a lo largo del tiempo, van construyendo la identidad narrativa de la persona, lo que se llama "yo" y lo que se considera los "otros" son también elementos del  medio a los que se acerca a través de esas historias que se cuentan y que de algún modo, son un concepto del yo, una noción de pasado y futuro, surgen rápidamente con el lenguaje y la relación social de modo que se puede, por medio del intercambio de símbolos y del surgimiento de la conciencia de orden superior crear narraciones, ficciones, historias, que el sentido de la propia identidad surge con la conciencia de orden superior y con la capacidad explícita de construir en los estados de vigilia escenas pasadas y futuras. (Rodríguez, 2006).

Los relatos escritos en disimiles oportunidades personales relacionales evocan fragmentos de vida que la identidad narrativa apropia, la cual al ser construida por cadenas de significados nefandos y excelsos, proporciona un esquema de acción que envuelto de oxímorones afronta el cotidiano y se hace trascendente.
     
Es entonces que a partir de esta perspectiva, se podría entender que la identidad resiliente es aquella en la que el relato mediante el oxímoron proporciona a la persona nuevos relatos, los cuales emergen inagotables y dispuestos a otorgar caminos disimiles manejables.

Entonces, lo más importante de uno va mas allá de las fronteras que se aprendieron a tener, por eso hay que existir para desarrollarse, ser en el mundo simbólico y ser el mundo físico, dejar huella indeleble en los abrazos, en los ojos, en las manos de quien junto a tu lado reconozca lo finito del ser y se anime a crecer excelso y resiliente, parafraseando a Virginia Satir, ama tu propia esencia, tu cuerpo, tu mente, tus acciones, deja el mensaje de amor y ábrete a nuevas posibilidades que rescriban y reediten tu narración bajo los principios fundamentales universales de vida. 

Al promover el Principio de Beneficencia, “sobre todo no dañar, no dañarme ni dañar a los demás” todo se está relacionado entre sí, ¡vivir es amar cada día, en tu identidad narrativa!, como diría Milton Erickson “Ser un observador de tu hacer, para generar un ser”, dispuesto a subirse al tren relacional produciendo autovalía, eufonía, asertividad, salud afectivo emocional, salud cognitiva,  ulteriormente reconocer los relatos que co construidos promueven oxímorones beneficiosos y otorgan la opción de crecer excelso para que cada crisis sea una oportunidad de cambio y bienestar relacional.

Referencias Bibliográficas:
Ø  Cyrulnik, B. (2003) El murmullo de los fantasmas, volver a la vida después de un trauma. Barcelona: Gedisa.
Ø  Cyrulnik, B. (2005) El amor que nos cura. Barcelona: Gedisa.
Ø  Cyrulnik, B. (2002) Los patitos feos, la resiliencia: una infancia infeliz no determina la vida. Barcelona: Gedisa.
Ø  De la Ossa, E. (2007) La resiliencia en familias desplazadas por la violencia sociopolítica ubicadas en Sincelejo. En: Psicología desde el Caribe Vol 10, N° 19 (pág. 154 – 180).
Ø  Duero, D. (2006) Relato autobiográfico e interpretación: una concepción narrativa de la identidad personal. Athenea Digital, 9, 131-151.
Ø  Misión Joven (2008) Pedagogía de la resiliencia. Madrid: Manos Unidas.
Ø  Morgan, A. (2000) Qué es la terapia narrativa. www.dulwichcentre.com.au/que-es-la-terapia-narrativa.pdf
Ø  OPS (1998) Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolecentes. USA: OPS.
Ø  O’Hanlon, B. (2001) Desarrollar Posibilidades. Barcelona:Paidos.
Ø  Rodríguez, B. (2006) Narrativas del sí mismo. Universidad de Alcalá de Henares: Madrid.
Ø  Tarragona, M. (2006) Las terapias posmodernas: una breve introducción a la terapia colaborativa, la terapia narrativa y la terapia centrada en soluciones. México D. F.: Grupo Campos Elíseos.

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