LA IDENTIDAD DE LA MUJER EN EL SISTEMA PATRIARCAL COMO MÉTODO COLONIZADOR
Por. Lic. Siria Aramayo Zamudio
“Junto
a las miserias modernas, nos agobia toda una
serie de miserias heredadas, fruto
de la supervivencia
de tipos de producción antiquísimos y ya caducos, con todo
su
séquito de relaciones políticas y
sociales anacrónicas.
No sólo
nos atormentan los vivos, sino también los muertos.
Le mortsaisif la vif!”.
Marx.
La violencia hacia la mujer en la sociedad boliviana tiene muchas caras
unas de ángeles y otras de demonios, los escritores versados en el tema ponen
diversos nombres a este fenómeno hablan de violencia física, psicológica,
subjetiva hasta simbólica, y dan explicaciones guiados en diversas teorías
tanto psicosociales, culturales hasta económicas, un punto preponderante de
esta problemática es el machismo como eje central de la estructura patriarcal
en la que la sociedad boliviana vive.
De acuerdo a Antonini, Barilari y Lombardi, (1999:6), “La estructura familiar en el patriarcado mantiene
algo de los sistemas fijos propios del autoritarismo. Muchas veces, esta
estructura favorece y a la vez naturaliza el empleo de la violencia”.
Kurcbard, (2000) afirma que:
Estas conductas violentas como son los comportamientos “invisibles” de
violencia y de dominación que los varones reproducen de manera permanente en la
vida cotidiana, son denominados “micromachismos”…. “Estos, se explican por la
necesidad de los varones de sostener y mantener la supremacía androcrática, o
masculina. Cualquier crítica a este modo de ser, es sentida como un ataque
personal, en la vivencia de integridad del varón que se sostiene en los
estandartes de la masculinidad de la misma cultura en la que estamos
insertados. Los "micromachismos" se observan en la reciedumbre del
varón que lo confirmaría supuestamente en el lugar del macho, la debilidad es
vivida como algo negativo para los hombres ... se observa en el ejercicio de la
fuerza, en la imposición de la voluntad por el manejo y el control del poder,
en el prejuicio hacia la mujer, en el cotidiano y permanente manejo del poder,
se observa en que los hombres no lloran, en como intentan imponer sus razones
por el ejercicio de la violencia ... (Garrido 2009: 5)
Dentro de las prácticas machistas que vive la mujer en este sistema
patriarcal llama la atención la imposibilidad que vive de salir de ese círculo
de violencia y dominación. Se ha teorizado mucho respecto a su subjetividad en
especial a su identidad la cual se considera como elemento importante en la
mantención de conductas de sumisión frente a la violencia.
Antes de analizar la identidad en la mujer creada e impuesta por el
patriarcado señalaremos a la primera mención de dominación a la mujer,
registrada en el antiguo testamento, la Biblia muestra la primera alusión a la
situación de la mujer frente al hombre en la maldición dada por Dios a
consecuencia del pecado original, el libro de Génesis
en su capitulo 3, versículo 16 nos dice en parte: “…………y tu deseo vehemente
será por tu esposo y el te dominará”, fue la colonización mediante la religión
la que trajo un sin número de creencias de dominación a nuestras
culturas.
Lugones (2008), reafirma que el colonialismo
trajo aparejada la comprensión biológica del sexo y el predominio de uno sobre
otro, características que no existían en las conductas indígenas sudamericanas
y mesoamericanas (Chávez, 2011: 27).
La condición de la mujer en la estructura social patriarcal está determinada
por su identidad, por la identidad construida por el mismo patriarcalismo. Esta
identidad determina quién es la mujer en este sistema y como esta está
constituida por múltiples elementos. Marcela Lagarde (1992), los describe
claramente como puntos de anclaje de la dominación patriarcal sobre la mujer.
Para Lagarde “En el mundo patriarcal para las
mujeres los elementos comunes de la identidad son borrados. Se hacen invisibles
porque se los considera naturales….Por esta consideración, las mujeres constituimos
una identidad femenina, en que ser mujer no está en primer lugar como elemento
que configura la identidad. Más bien, en este caso, ser mujer se convierte en
un hecho natural. Nuestro mundo está hecho de las certezas que nos da el mundo
patriarcal y por ello no aceptamos alternativas que no conocemos” (:9).
Otro elemento dentro de la identidad de la mujer es
como están diferenciados los atributos de género tanto en el hombre como en la
mujer, para el hombre los atributos del género masculino son el goce de la
aventura, de lo desconocido, el hombre construye, crea transforma el mundo.
Para las mujeres los atributos de género son las certezas, lo repetitivo, los
esquemas rígidos, los futuros asignados, porque son el género que reproduce el
mundo y no el género que trasforma el mundo (:15).
Una función importante de la identidad de la mujer
en sistemas culturales patriarcales es la de ser purificadoras del mundo, las
mujeres son las encargadas de limpiar lo sucio, lo impuro del mundo, lo que se
desordena. Por eso sus obligaciones son lavar, cocinar, purificar las cosas,
cuidar a los niños y a los enfermos, amortajar a los muertos y rezar por ellos
para que se purifiquen, además de escuchar las impurezas de las vidas de los
otros (:16).
Para gran parte de la afectividad femenina es
construida en torno a la culpa, señala:
La culpa se
convierte en una cualidad de género y es por ello que desarrollamos dos
extraordinarias características: sentirnos culpables y culpabilizar a los
otros. Las mujeres nos movemos a lo largo de la vida en una tensión
entre: culpabilizarnos y culpabilizar al mundo, por que la culpa es un
mecanismo político, que nos impulsa a las mujeres a reparar el mundo. El otro
mecanismo que también está en la identidad femenina es una falta de límites
entre el yo y los otros. En nuestra subjetividad nos confundimos con los Otros,
no sabemos dónde empezamos nosotras y donde acaban los otros. ¿Ese problema es
tuyo o también es mío? ¿Este dolor es tuyo o me duele a mí también? ¿Me ama o
lo amo? No alcanzo a discernir si es mi hambre o el hambre del que está al
lado. Este mecanismo, en el que las mujeres somos construidas como seres sin
límites con los otros, permite que nos ocupemos vitalmente de los otros
(Lagarde: 16).
Un profundo sentimiento subjetivo de la identidad
femenina es el de dar y dar y sentirse siempre embaucadas, hay un sentimiento
de que nunca obtienen lo que quieren, nunca es suficiente; nada, nada sacia la
carencia que viven y este es quizás el elemento más importante de la
subjetividad femenina. El principio de la carencia es la dependencia:
dependencia social, dependencia erótica, dependencia afectiva, dependencia
económica, política, jurídica, dependencia psicológica, sexual, etc. Todas las
dependencias que padecen son la base de la carencia y la condición de la
mujer (:18).
El origen de las dependencias está en que las
mujeres son expropiadas de una parte del mundo y por eso dependen del otro para
tenerla, pero como es un mundo de poder patriarcal a su dependencia se le llama
dependencia. Los hombres también son expropiados de una parte del mundo, pero a
su dependencia se le llama autonomía. En la ideología de la cultura patriarcal
los hombres no son sujetos carenciados, su identidad genérica masculina está
construida como completa. (:16).
¿Como el hombre ejerce el poder patriarcal sobre la
mujer?
menciona:
En esas
relaciones de unos seres completos y otros incompletos, los poderes
patriarcales de género no solamente se ejercen dando u otorgando. Gran parte de
ellos se ejercen en la vivencia de la mezquindad, en la vivencia de la avaricia
de los hombres hacia las mujeres. En efecto una forma de ejercer el poder
patriarcal es no dando y si las mujeres somos seres para, son los otros los que
nos dan existencia y lo hacen al no dar el amor, al no dar la voz, al no dar la
mirada, al no dar el nombre, al no dar el dinero, etc. Para la mujer el ser
para significa una intencionalidad, un sentido de la vida, ¿Qué siento? ¡Siento
el sentir de los otros! (Lagarde :19).
La identidad femenina es construida para tener
dueño, dueña, dueños, quien sea que nos tenga en propiedad, en este sentido se
habla de una propiedad como posesión. Por tanto toda cultura amorosa esta
llenada de la palabra poseer con sentido de beneficio. En tanto no es casual el
sentimiento de las mujeres de sentirse siempre poseídas o usadas y que al mismo
tiempo deseemos poseer y usar a los otros. Estos fenómenos se explican a partir
de la necesidad de apego al poder; por la necesidad de quien es dependiente
vulnerable y necesitado de protección (:21).
Para la identidad de género de las mujeres da lugar
a otra vivencia sumamente importante:
“La
omnipotencia. Esta es una cualidad de género que se combina con la impotencia.
Pero esta relación entre potencia e impotencia tiene un método: somos
omnipotentes para ser para los otros y somos impotentes para ser para nosotras
como seres separados. Cuando se trata de nosotras mismas siempre hay un
sistemático ‘no puedo’. En nuestra identidad todo nos llama al “no puedo” o “no
quiero” o “no me atrevo”. La impotencia es un producto del miedo y entonces,
antes de que aflore el miedo me impido vivirlo y soy impotente. De esa forma
podemos vivir la impotencia, pero evitamos el miedo. La impotencia es el
mecanismo a través del cual se inserta la prohibición en cada una de nosotras,
de manera que no necesitamos vigías. Al negarnos nosotras mismas la posibilidad
de hacer cosas distintas no necesitamos vigilancia, nosotras mismas somos
nuestra propia custodia, garantizar que nos portemos bien, que seamos lo que
nuestro mundo espera que seamos (Lagarde :22).
La dadiva, siendo está asociada a un orden político
opresivo, es una vía para la expropiación de las mujeres. A las mujeres se les
enseña a dar y seguir dando ese es un mecanismo de expropiación; nadie tiene
que venir a sonsacar nada, siempre la mujer está lista para darlo todo: sus
afectos, sus energías vitales, su cuerpo, su trabajo invisible, sus
capacidades, etc. En el mundo patriarcal dar no es una cuestión de voluntad, se
trata de normas compulsivas que obligan a ello, se han convertido con el tiempo
en esquemas cognitivos (:23).
Viaña, (2008:338) describiendo la violencia
simbólica de la que es víctima la mujer o cualquier ser que se encuentre en
posición de dominado menciona a Bourdieu (1999b: 227) quien indica “la
violencia simbólica es “un consenso pre reflexivo inmediato” que impide
la visión crítica”. Las estructuras cognitivas no son formas de la conciencia,
son disposiciones del cuerpo esquemas prácticos pre reflexivos. Que en un 99%
lo han producido las formas de adiestramiento de estas sociedades enajenantes.
¿Por qué es importante mencionar los elementos que
constituyen la identidad femenina creada por el sistema social patriarcal?,
porque se debe generar conciencia de ello y solo reconociendo estos elementos
se podrá ver de manera crítica la identidad femenina, dando lugar a la
posibilidad de una acción, si está es considera, para salir del yugo patriarcal
de nuestra sociedad.
Gil de San Vicente reflexiona tomando al marxismo
en cuanto a la conciencia de saber de la siguiente manera:
Carece de
sentido preguntar para qué vale el arma de la resistencia a quien sufre
explotación, opresión y dominación. Se resiste porque se tiene conciencia de lo
que se sufre y se usa la dialéctica porque se piensa sobre esa explotación y se
actúa para superarla. Es la praxis la que es dialéctica, y esta dialéctica, en
cuanto praxis, termina por prender en la conciencia de las masas apareciendo su
esencia de arma revolucionaria. La conciencia de que se sufre explotación está
unida a la característica de la dialéctica como método de conocimiento
revolucionario (Gil de San Vicente,
2011:11).
Viaña (2008:338) propone: “Se debe impulsar y
potenciar toda forma de cuestionamiento teórico y práctico de cualquier forma
de dominación y opresión….en las relaciones que desgarran nuestras sociedades.
Para hacer lo antes mencionado se necesita crear, recuperar, impulsar y
potenciar todo tipo de pensamiento y acción….que abran horizontes de
emancipación”
El poder colonizador vive con
nosotros de muchas maneras, una forma de enfrentarlo es reconocer lo que sucede
en la subjetividad femenina, Lagarde nos habla también de una lucha
activa:
A
quienes nunca acunamos las mujeres para que se conviertan en sujetos, fue a
nosotras mismas: como formadoras, como funcionarias del estado en el hogar,
como intelectuales maternas plenas de prejuicios y de fe (Agnes Heller),
contribuimos a hacernos objeto, aprendimos el arte de la mutilación y nos
herimos a nombre de la naturaleza hecha cultura. Pero la palabra ha sido el
exorcismo: ha articulado la conciencia, y nos permite concebir, representar y
simbolizar el mundo de otras maneras. Hoy uno de los sujetos se encuentra en
una reflexión profunda desde el fondo del cuerpo, en un esfuerzo intelectual
reescribir la historia, por develar los recovecos de la cultura por enfrentar
el poder emanado de la Ley del Padre. El primer espacio de enfrentamiento fue
la batalla y lo sigue siendo allá, fuera de nosotras y dentro del monstruo; en
la calle, en los tribunales, en los sindicatos, en los partidos políticos. El
segundo espacio está dentro de nosotras; la Ley del padre no nos es ajena; no
es algo que nos sucede únicamente en la relación con los demás; la hemos mamado
y la hemos parido, es parte de nosotras mismas. La forma de enfrentarla …… es
el caleidoscopio: a la vez arma que transforma, trastoca y subvierte, y signo
de identidad (Lagarde 1987: 157).
Aunque estos últimos años se ha retomado en las
políticas estatales la búsqueda de una equidad de género como parte del proceso
descolonizador. En el aparato
estatal la desigualdad se expresa bajo la forma de subordinación a una
racionalidad política cultural y económica en la que probablemente se puedan
conquistar puestos jerárquicos, pero siempre bajo el formato predominante de la
competencia y el mando masculino (Chávez, 2011: 25).
Es quimérico retomar la descolonización dejando de
lado el patriarcado como así lo menciona Salgueiro “existe una contradicción
en tratar de superar el colonialismo desde un sindicalismo machista, estando el
patriarcado asentado en usos y costumbres también machistas y colonizadoras”
(Chávez, 2011: 29).
Las políticas públicas dirigidas a proporcionar
equidad de género están reflejadas en la siguiente afirmación:
Aunque
hubiese sido ideal que la crítica de la colonización se asociara con la crítica
de las prácticas patriarcales, en la realidad ambas reflexiones han seguido
caminos separados, los procesos de descolonización no implican necesariamente
el cuestionamiento de los mecanismos de reproducción del dominio de un género
sobre otro y viceversa. Es más, pueden ampliarse los procesos descolonizadores,
mientras que los del patriarcado permanecen intocables (Chávez,
2011:32).
En nuestra sociedad debido al colonialismo arraigado y cristalizado la mujer vive en exclusión social
cultural y política. Depende de nosotros el que nuevos sistemas de ideas dejen
atrás aquellos ya caducos de la colonización llevándonos a un nuevo sistema uno
democrático emancipador e inclusivo no solo para la mujer sino para toda
la sociedad.
Bibliografía
·
Antonini,
C., Barilari S. y Lombardi, G. (1999). Violencia
domestica e interpersonal un problema psicosocial. Publicación de la
DGMujgobBsAs. Disponible en: http://www.sandrabarilari.blogspot.com.ar/
·
Chávez,
P. (2011). Despatriarcalizar para
descolonizar la gestión publica. Vicepresidencia del estado plurinacional
de Bolivia. Dirección de participación ciudadana. La Paz
·
Garrido B. (2009). La
Violencia contra las mujeres. Un análisis a través de la producción teórica
feminista. Revista del Centro de Estudios Históricos e Interdisciplinarios
Sobre las Mujeres. Facultad de Filosofía y letras Universidad Nacional de
Tucumán. Temas de Mujeres Año 5 No. 5 Disponible en: http://www.filo.unt.edu.ar/rev/temas/t5/t5_web_art_garrido_violencia.pdf
·
Gil de
San Vicente I. (2007). La dialéctica como
arma, método, concepción y arte. Disponible en:
·
Lagarde,
M. (1987). El marxismo y las mujeres.
Nuevos sujetos, nuevos fenómenos, nuevos movimientos. Disponible en:
·
Lagarde
M.(1992). Identidad y subjetividad
femenina. Memoria. Edición Fundación Puntos de Encuentro. Managua.
Nicaragua.
·
Viaña,
J. (2008). Investigar y transformar.
Reflexiones sociocriticas para pensar la educación. Instituto Internacional
de Integración Convenio Andrés Bello. La Paz.

Tiene usted, una copia del TSC 40 en espanol el indice de trauma?
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