domingo, 22 de julio de 2012

Revista Nº2 - Artículo Nº3- La Identidad de la mujer en el sistema patriarcal como método colonizador (Lic. Siria Aramayo)


LA IDENTIDAD DE LA MUJER EN EL SISTEMA PATRIARCAL COMO MÉTODO COLONIZADOR

Por. Lic. Siria Aramayo Zamudio

 
 “Junto a las miserias modernas, nos agobia toda una
 serie de miserias heredadas, fruto de la supervivencia 
de tipos de producción antiquísimos y ya caducos, con todo su
 séquito  de relaciones políticas y sociales anacrónicas. 
No sólo nos atormentan los vivos, sino también los muertos.
Le mortsaisif la vif!”. Marx.
 
La violencia hacia la mujer en la sociedad boliviana tiene muchas caras unas de ángeles y otras de demonios, los escritores versados en el tema ponen diversos nombres a este fenómeno hablan de violencia física, psicológica, subjetiva hasta simbólica, y dan explicaciones guiados en diversas teorías tanto psicosociales, culturales hasta económicas, un punto preponderante de esta problemática es el machismo como eje central de la estructura patriarcal en la que la sociedad boliviana vive.

De acuerdo a Antonini, Barilari  y Lombardi, (1999:6), “La estructura familiar en el patriarcado mantiene algo de los sistemas fijos propios del autoritarismo. Muchas veces, esta estructura favorece y a la vez naturaliza el empleo de la violencia”.

Kurcbard, (2000)  afirma que: 

         Estas conductas violentas como son los comportamientos “invisibles” de violencia y de dominación que los varones reproducen de manera permanente en la vida cotidiana, son denominados “micromachismos”…. “Estos, se explican por la necesidad de los varones de sostener y mantener la supremacía androcrática, o masculina. Cualquier crítica a este modo de ser, es sentida como un ataque personal, en la vivencia de integridad del varón que se sostiene en los estandartes de la masculinidad de la misma cultura en la que estamos insertados. Los "micromachismos" se observan en la reciedumbre del varón que lo confirmaría supuestamente en el lugar del macho, la debilidad es vivida como algo negativo para los hombres ... se observa en el ejercicio de la fuerza, en la imposición de la voluntad por el manejo y el control del poder, en el prejuicio hacia la mujer, en el cotidiano y permanente manejo del poder, se observa en que los hombres no lloran, en como intentan imponer sus razones por el ejercicio de la violencia ... (Garrido 2009: 5)

Dentro de las prácticas machistas que vive la mujer en este sistema patriarcal llama la atención la imposibilidad que vive de salir de ese círculo de violencia y dominación. Se ha teorizado mucho respecto a su subjetividad en especial a su identidad la cual se considera como elemento importante en la mantención de conductas de sumisión frente a la violencia.  

Antes de analizar la identidad en la mujer creada e impuesta por el patriarcado señalaremos a la primera mención de dominación a la mujer, registrada en el antiguo testamento, la Biblia muestra la primera alusión a la situación de la mujer frente al hombre en la maldición dada por Dios a consecuencia del pecado original, el libro de Génesis en su capitulo 3, versículo 16 nos dice en parte: “…………y tu deseo vehemente será por tu esposo y el te dominará”, fue la colonización mediante la religión  la que trajo un sin número de creencias de dominación a nuestras culturas.

 Lugones (2008), reafirma que el colonialismo trajo aparejada la comprensión biológica del sexo y el predominio de uno sobre otro, características que no existían en las conductas indígenas sudamericanas y mesoamericanas (Chávez, 2011: 27).

La condición de la mujer en la estructura social patriarcal está determinada por su identidad, por la identidad construida por el mismo patriarcalismo. Esta identidad determina quién es la mujer en este sistema y como esta está constituida por múltiples elementos. Marcela Lagarde (1992), los describe claramente como puntos de anclaje de la dominación patriarcal sobre la mujer.

Para Lagarde “En el mundo patriarcal para las mujeres los elementos comunes de la identidad son borrados. Se hacen invisibles porque se los considera naturales….Por esta consideración, las mujeres constituimos una identidad femenina, en que ser mujer no está en primer lugar como elemento que configura la identidad. Más bien, en este caso, ser mujer se convierte en un hecho natural. Nuestro mundo está hecho de las certezas que nos da el mundo patriarcal y por ello no aceptamos alternativas que no conocemos” (:9).

Otro elemento dentro de la identidad de la mujer es como están diferenciados los atributos de género tanto en el hombre como en la mujer, para el hombre los atributos del género masculino son el goce de la aventura, de lo desconocido, el hombre construye, crea transforma el mundo. Para las mujeres los atributos de género son las certezas, lo repetitivo, los esquemas rígidos, los futuros asignados, porque son el género que reproduce el mundo y no el género que trasforma el mundo (:15).

Una función importante de la identidad de la mujer en sistemas culturales patriarcales es la de ser purificadoras del mundo, las mujeres son las encargadas de limpiar lo sucio, lo impuro del mundo, lo que se desordena. Por eso sus obligaciones son lavar, cocinar, purificar las cosas, cuidar a los niños y a los enfermos, amortajar a los muertos y rezar por ellos para que se purifiquen, además de escuchar las impurezas de las vidas de los otros (:16).

Para gran parte de la afectividad femenina es construida en torno a la culpa, señala:
La culpa se convierte en una cualidad de género y es por ello que desarrollamos dos extraordinarias características: sentirnos culpables y culpabilizar a los otros. Las mujeres nos movemos a lo largo de la vida  en una tensión entre: culpabilizarnos y culpabilizar al mundo, por que la culpa es un mecanismo político, que nos impulsa a las mujeres a reparar el mundo. El otro mecanismo que también está en la identidad femenina es una falta de límites entre el yo y los otros. En nuestra subjetividad nos confundimos con los Otros, no sabemos dónde empezamos nosotras y donde acaban los otros. ¿Ese problema es tuyo o también es mío? ¿Este dolor es tuyo o me duele a mí también? ¿Me ama o lo amo? No alcanzo a discernir si es mi hambre o el hambre del que está al lado. Este mecanismo, en el que las mujeres somos construidas como seres sin límites con los otros, permite que nos ocupemos vitalmente de los otros (Lagarde: 16).  

Un profundo sentimiento subjetivo de la identidad femenina es el de dar y dar y sentirse siempre embaucadas, hay un sentimiento de que nunca obtienen lo que quieren, nunca es suficiente; nada, nada sacia la carencia que viven y este es quizás el elemento más importante de la subjetividad femenina. El principio de la carencia es la dependencia: dependencia social, dependencia erótica, dependencia afectiva, dependencia económica, política, jurídica, dependencia psicológica, sexual, etc. Todas las dependencias que padecen son la base de la carencia  y la condición de la mujer (:18). 

El origen de las dependencias está en que las mujeres son expropiadas de una parte del mundo y por eso dependen del otro para tenerla, pero como es un mundo de poder patriarcal a su dependencia se le llama dependencia. Los hombres también son expropiados de una parte del mundo, pero a su dependencia se le llama autonomía. En la ideología de la cultura patriarcal los hombres no son sujetos carenciados, su identidad genérica masculina está construida como completa. (:16).

¿Como el hombre ejerce el poder patriarcal sobre la mujer? menciona: 

En esas relaciones de unos seres completos y otros incompletos, los poderes patriarcales de género no solamente se ejercen dando u otorgando. Gran parte de ellos se ejercen en la vivencia de la mezquindad, en la vivencia de la avaricia de los hombres hacia las mujeres. En efecto una forma de ejercer el poder patriarcal es no dando y si las mujeres somos seres para, son los otros los que nos dan existencia y lo hacen al no dar el amor, al no dar la voz, al no dar la mirada, al no dar el nombre, al no dar el dinero, etc. Para la mujer el ser para significa una intencionalidad, un sentido de la vida, ¿Qué siento? ¡Siento el sentir de los otros! (Lagarde :19).

La identidad femenina es construida para tener dueño, dueña, dueños, quien sea que nos tenga en propiedad, en este sentido se habla de una propiedad como posesión. Por tanto toda cultura amorosa esta llenada de la palabra poseer con sentido de beneficio. En tanto no es casual el sentimiento de las mujeres de sentirse siempre poseídas o usadas y que al mismo tiempo deseemos poseer y usar a los otros. Estos fenómenos se explican a partir de la necesidad de apego al poder; por la necesidad de quien es dependiente vulnerable y necesitado de protección (:21).

Para la identidad de género de las mujeres da lugar a otra vivencia sumamente importante: 

“La omnipotencia. Esta es una cualidad de género que se combina con la impotencia. Pero esta relación entre potencia e impotencia tiene un método: somos omnipotentes para ser para los otros y somos impotentes para ser para nosotras como seres separados. Cuando se trata de nosotras mismas siempre hay un sistemático ‘no puedo’. En nuestra identidad todo nos llama al “no puedo” o “no quiero” o “no me atrevo”. La impotencia es un producto del miedo y entonces, antes de que aflore el miedo me impido vivirlo y soy impotente. De esa forma podemos vivir la impotencia, pero evitamos el miedo. La impotencia es el mecanismo a través del cual se inserta la prohibición en cada una de nosotras, de manera que no necesitamos vigías. Al negarnos nosotras mismas la posibilidad de hacer cosas distintas no necesitamos vigilancia, nosotras mismas somos nuestra propia custodia, garantizar que nos portemos bien, que seamos lo que nuestro mundo espera que seamos (Lagarde :22).

La dadiva, siendo está asociada a un orden político opresivo, es una vía para la expropiación de las mujeres. A las mujeres se les enseña a dar y seguir dando ese es un mecanismo de expropiación; nadie tiene que venir a sonsacar nada, siempre la mujer está lista para darlo todo: sus afectos, sus energías vitales, su cuerpo, su trabajo invisible, sus capacidades, etc. En el mundo patriarcal dar no es una cuestión de voluntad, se trata de normas compulsivas que obligan a ello, se han convertido con el tiempo en esquemas cognitivos (:23).

Viaña, (2008:338) describiendo la violencia simbólica de la que es víctima la mujer o cualquier ser que se encuentre en posición de dominado menciona a Bourdieu (1999b: 227) quien indica “la violencia simbólica  es “un consenso pre reflexivo inmediato” que impide la visión crítica”. Las estructuras cognitivas no son formas de la conciencia, son disposiciones del cuerpo esquemas prácticos pre reflexivos. Que en un 99% lo han producido las formas de adiestramiento de estas sociedades enajenantes.

¿Por qué es importante mencionar los elementos que constituyen la identidad femenina creada por el sistema social patriarcal?, porque se debe generar conciencia de ello y solo reconociendo estos elementos se podrá ver de manera crítica la identidad femenina, dando lugar a la posibilidad de una acción, si está es considera, para salir del yugo patriarcal de nuestra sociedad.

Gil de San Vicente reflexiona tomando al marxismo en cuanto a la conciencia de saber de la siguiente manera: 

Carece de sentido preguntar para qué vale el arma de la resistencia a quien sufre explotación, opresión y dominación. Se resiste porque se tiene conciencia de lo que se sufre y se usa la dialéctica porque se piensa sobre esa explotación y se actúa para superarla. Es la praxis la que es dialéctica, y esta dialéctica, en cuanto praxis, termina por prender en la conciencia de las masas apareciendo su esencia de arma revolucionaria. La conciencia de que se sufre explotación está unida a la característica de la dialéctica como método de conocimiento revolucionario (Gil de San Vicente, 2011:11).

Viaña (2008:338) propone: “Se debe impulsar y potenciar toda forma de cuestionamiento teórico y práctico de cualquier forma de dominación y opresión….en las relaciones que desgarran nuestras sociedades. Para hacer lo antes mencionado se necesita crear, recuperar, impulsar y potenciar todo tipo de pensamiento y acción….que abran horizontes de emancipación” 

El poder colonizador vive con nosotros de muchas maneras, una forma de enfrentarlo es reconocer lo que sucede en la subjetividad femenina,  Lagarde nos habla también de una lucha activa:

 A quienes nunca acunamos las mujeres para que se conviertan en sujetos, fue a nosotras mismas: como formadoras, como funcionarias del estado en el hogar, como intelectuales maternas plenas de prejuicios y de fe (Agnes Heller), contribuimos a hacernos objeto, aprendimos el arte de la mutilación y nos herimos a nombre de la naturaleza hecha cultura. Pero la palabra ha sido el exorcismo: ha articulado la conciencia, y nos permite concebir, representar y simbolizar el mundo de otras maneras. Hoy uno de los sujetos se encuentra en una reflexión profunda desde el fondo del cuerpo, en un esfuerzo intelectual reescribir la historia, por develar los recovecos de la cultura por enfrentar el poder emanado de la Ley del Padre. El primer espacio de enfrentamiento fue la batalla y lo sigue siendo allá, fuera de nosotras y dentro del monstruo; en la calle, en los tribunales, en los sindicatos, en los partidos políticos. El segundo espacio está dentro de nosotras; la Ley del padre no nos es ajena; no es algo que nos sucede únicamente en la relación con los demás; la hemos mamado y la hemos parido, es parte de nosotras mismas. La forma de enfrentarla …… es el caleidoscopio: a la vez arma que transforma, trastoca y subvierte, y signo de identidad (Lagarde 1987: 157). 

Aunque estos últimos años se ha retomado en las políticas estatales la búsqueda de una equidad de género como parte del proceso descolonizador. En el aparato estatal la desigualdad se expresa bajo la forma de subordinación a una racionalidad política cultural y económica en la que probablemente se puedan conquistar puestos jerárquicos, pero siempre bajo el formato predominante de la competencia y el mando masculino (Chávez, 2011: 25). 

Es quimérico retomar la descolonización dejando de lado el patriarcado como así lo menciona Salgueiro  “existe una contradicción en tratar de superar el colonialismo desde un sindicalismo machista, estando el patriarcado asentado en usos y costumbres también machistas y colonizadoras” (Chávez, 2011: 29).

Las políticas públicas dirigidas a proporcionar equidad de género están reflejadas en la siguiente afirmación: 

Aunque hubiese sido ideal que la crítica de la colonización se asociara con la crítica de las prácticas patriarcales, en la realidad ambas reflexiones han seguido caminos separados, los procesos de descolonización no implican necesariamente el cuestionamiento de los mecanismos de reproducción del dominio de un género sobre otro y viceversa. Es más, pueden ampliarse los procesos descolonizadores, mientras que los del patriarcado permanecen intocables (Chávez, 2011:32).   

En nuestra sociedad debido al colonialismo arraigado y cristalizado la mujer vive en exclusión social cultural y política. Depende de nosotros el que nuevos sistemas de ideas dejen atrás aquellos ya caducos de la colonización llevándonos a un nuevo sistema uno democrático  emancipador e inclusivo no solo para la mujer sino para toda la sociedad.


Bibliografía
·         Antonini, C., Barilari S. y Lombardi, G. (1999). Violencia domestica e interpersonal un problema psicosocial. Publicación de la DGMujgobBsAs. Disponible en: http://www.sandrabarilari.blogspot.com.ar/
·         Chávez, P. (2011). Despatriarcalizar para descolonizar la gestión publica. Vicepresidencia del estado plurinacional de Bolivia. Dirección de participación ciudadana. La Paz
·         Garrido B. (2009). La Violencia contra las mujeres. Un análisis a través de la producción teórica feminista. Revista del Centro de Estudios Históricos e Interdisciplinarios Sobre las Mujeres. Facultad de Filosofía y letras Universidad Nacional de Tucumán. Temas de Mujeres Año 5 No. 5 Disponible en: http://www.filo.unt.edu.ar/rev/temas/t5/t5_web_art_garrido_violencia.pdf
·         Gil de San Vicente I. (2007). La dialéctica como arma, método, concepción y arte. Disponible en:
·         Lagarde, M. (1987). El marxismo y las mujeres. Nuevos sujetos, nuevos fenómenos, nuevos movimientos. Disponible en:
·         Lagarde M.(1992). Identidad y subjetividad femenina. Memoria. Edición Fundación Puntos de Encuentro. Managua. Nicaragua.
·         Viaña, J. (2008). Investigar y transformar. Reflexiones sociocriticas para pensar la educación. Instituto Internacional de Integración Convenio Andrés Bello. La Paz.

1 comentario:

  1. Tiene usted, una copia del TSC 40 en espanol el indice de trauma?

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