INFIDELIDAD, CAUSA O
CONSECUENCIA
DE LA CRISIS DE PAREJA
Por. Lic. Carla Andrea Morales
La
infidelidad no tiene excusas como tal. Simplemente podemos entenderla como la
decisión personal de una persona de parar o continuar una relación. Hay
diversos factores que propician la infidelidad así que es recomendable una
terapia de pareja para trabajar los asuntos pendientes, pues no es posible
arreglar en unos minutos lo que se descompuso en años o meses.
La
infidelidad se vive como una de las peores traiciones que enfrenta la pareja y
en general se piensa que el infiel es el culpable, sin embargo, la infidelidad
es sólo el resultado de las crisis de pareja y ésta no es sólo en el plano
sexual pues el cónyuge infiel buscará aspectos que su pareja no le brinda y
estos pueden ser intelectuales, sexuales, físicos y emocionales.
Contra
lo que muchos piensan, aquello que provoca la infidelidad no es un solo factor
y cada conjunto de factores dependen de cada persona y de cada situación y por
lo tanto es muy difícil definir que produce la infidelidad. Lo que sí se puede
adelantar para entenderla son los factores que predisponen a las personas a la
infidelidad.
Uno
de los factores que provoca la infidelidad se refiere a la elección de la
propia pareja, es decir, es importante señalar que no es del todo cierto que
elegimos libremente a la pareja, por lo general la "decisión"
está dada por factores restringidos al círculo en el que nos desarrollamos, en
otras palabras, la elección no es al azar sino que está altamente determinada
de acuerdo con las actividades que realizamos, las cuales nos permiten
"conocer" o relacionarnos con otras personas. Tampoco hay que
desconocer la presión ejercida en muchos medios sociales con los noviazgos
largos o los noviazgos en general, respecto a la "necesidad",
socialmente establecida, de contraer matrimonio. Como tampoco al hecho de
"elegir un buen partido" que podría interpretarse como "del
gusto de la familia de origen o con éxito".
Generalmente
en las relaciones de pareja donde se presentan episodios de infidelidad,
producen formas de amor y odio o de amor y dolor; esto es causado por que
suponemos que el otro "debe" satisfacer nuestras necesidades, lo cual
se da muchas veces a nivel inconsciente. Las necesidades son de manera completa
e íntegra, entre ellas destacan, lo económico, la atención, el amor, lo sexual,
la protección, la fidelidad, etc.
El
tema de la infidelidad, de los amantes o de las relaciones extraconyugales es
uno de los puntos de partida para exaltar o desvirtuar a la familia y al
matrimonio como el rector del statu quo, ideal, sólido e invulnerable.
El
tema de la infidelidad, en este sentido, no puede ser abordado como una entidad
en sí misma, sino que tiene que ser entendido como una de las crisis, una de
las consecuencias de las relaciones de pareja.
Aunque
no sería del todo exacto hablar de las causas de la infidelidad, podemos
intentar describir, teniendo siempre presente que, como clínicos, debemos
observar las ganancias primarias y secundarias que tanto la pareja leal como la
pareja infiel poseen, pues la pareja es un sistema que reaccionará a cualquier
tipo de modificación que afecte a algún miembro dentro de la unidad total.
Contrariamente
a lo que se piensa la infidelidad no es causa de la ruptura de la pareja.
Independientemente
de que el cónyuge "engañado" se entere o no, y sin perder de vista
que la confesión suele llevar gran carga de hostilidad, aunado a las diferentes
fases por las que atraviesa el cónyuge, víctima de la infidelidad, después de "conocer
la verdad", este tema puede consolidar la relación siempre que se hable
del por qué y no del cómo, pues la pareja podrá estrechar aún más sus lazos.
Resultaría
ingenuo pensar que el hombre tiende más hacia la infidelidad que la mujer o
bien que las mujeres que trabajan tienen mayor posibilidad de relacionarse
extraconyugalmente que aquellas que no trabajan pues pensando así, perdemos de
vista a la pareja; pues recordemos que también el otro toma parte activa aún en
la "pasividad" más insignificante.
En
conclusión la infidelidad es uno de los tantos síntomas que enfrenta la pareja
en crisis y no puede explicársele desde un punto de vista causalista. Es un
tema sujeto a polémicas porque en él confluyen infinidad de valores, actitudes,
prejuicios y estereotipos.
Desde
el punto de vista "patológico", esta conducta lo será toda vez que
sean conductas repetitivas y estereotipadas que impidan el desarrollo de la
pareja y/o de cada uno de los cónyuges en su propia vida y en su relación.
Más
que pretender hablar de la "crisis de la pareja" porque este tipo de
conducta afecta a lo socialmente esperado, habría que concientizar a la
población de que este tipo de procesos son comunes durante las crisis a las que
toda vida está sujeta, adicionalmente se debe considerar que hay una
incertidumbre acerca de lo que genéricamente el hombre debiera ser, pues éste
se ha definido como lo opuesto a la mujer y al existir mujeres en lugares
públicos (antes limitados a los hombres) son las mujeres muchas veces quienes
sostienen a la familia, quienes ganan más, las de mayor escolaridad, las de
mayor vida social, etc. Entonces la fuerte imagen del hombre preocupado por la
vida pública y por realizar "las labores más importantes" se ve
debilitada.
Sin
embargo, hay que ver a la pareja como un sistema, en el cual de no cubrir las
necesidades de sus miembros en el plano sexual, económico, de roles, de
comunicación, etc., podrá darse algún tipo de relación extraconyugal que ponga
su vida en peligro; pero, si a la inversa, vemos a la infidelidad como causa de
una ruptura, perdemos de vista a la pareja como totalidad, porque la no
satisfacción de los miembros puede traer como consecuencia no sólo la
infidelidad, sino también la rigidez de los roles, la falta de comunicación, y
lo más dañino, la violencia familiar.
Además,
como ya se mencionó, en la elección de compañero operan no sólo factores
conscientes y amorosos, sino también causas inconscientes y factores externos,
los cuales influyen de manera efectiva en la decisión de hacer vida en común la
cual no siempre puede ser tomada cuando la persona se haya consolidado como
persona adulta y madura en toda la extensión de la palabra.

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